La responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva se centra en la creación de relaciones justas, respetuosas y honestas. Se trata de reconocer que tenemos la habilidad de influir en las emociones y bienestar del otro. Este hecho se produce de manera bidireccional.

Al tomar conciencia podemos fomentar con mayor facilidad acciones orientadas a tener una buena comunicación y a establecer acuerdos previos que satisfagan ambas partes. Se trata, por lo tanto, de responsabilizarnos de lo que sentimos y de lo que nuestros actos hacen sentir a los demás.

De esta manera, cuidamos nuestras relaciones aprendiendo a aceptar que nuestros actos desencadenan emociones y expectativas aún cuando no somos conscientes de ello o no las reciproquemos. Elegir actuar con empatía, respeto, asertividad y afrontamiento activo son los principios de la responsabilidad afectiva, y nos ayudará a reconocer nuestros límites y saber dónde se sitúan los límites de los demás.

La clave para mejorar nuestras relaciones

Es importante mencionar que, frecuentemente, la raíz del sufrimiento psicológico se basa en los pensamientos que generamos, en función de nuestras creencias, prejuicios, expectativas e inseguridades, sobre la situación y no por la situación en sí. Tomar consciencia de nuestra responsabilidad sobre lo que sentimos nos impulsa a poner límites y enfrentarnos de manera adecuada a personas o situaciones que vulneran nuestros deseos y/o necesidades.

Alguno ejemplos de una actuación con empatía, respeto y asertividad:

  • ‘‘Tal vez para ti no sea importante, pero todos somos diferentes y las cosas nos afectan de manera distinta. Me gustaría que lo tuvieras en cuenta cuando te dirijas a mi’’.
  • “Tú no me has hecho enfadar, yo me he enfadado en reacción a lo que has dicho o hecho”.
  • “Siento diferentes emociones en respuesta a lo que ocurre en mi vida, y cuando vienen me permito sentirlas y aceptarlas, para después ver qué puedo hacer con ellas.
  • ‘’Soy responsable de cómo me siento y de cómo actúo en consecuencia”

En esta misma línea, debemos saber diferenciar entre responsabilidad afectiva y responsabilizarnos de las emociones de las personas con las que elegimos relacionarnos.

La responsabilidad afectiva con nosotros y los demás

Cuando nos responsabilizamos de las emociones de otros, nos centramos en sus necesidades y sus emociones, sin tener en cuenta las propias. Además, comprometemos la adecuada gestión emocional de la otra persona, al adoptar hacia ellos una actitud sobreprotectora o paternalista. Sin embargo, cuando actuamos desde la responsabilidad afectiva, permitimos que el otro gestione y tome sus propias decisiones, a la par que también ponemos sobre la mesa nuestras emociones y necesidades.

En definitiva, para poner en práctica la responsabilidad afectiva es necesario:

  • La introspección y el autoconocimiento.
  • La comunicación directa y honesta de lo que deseamos y esperamos en una relación.
  • Aceptar nuestras emociones y responsabilizarnos de nuestros actos.
  • Practicar de forma activa la empatía en nuestras relaciones.
  • Por último, debemos tener en mente que un vínculo sano se construye desde el cariño, la empatía y la aceptación del otro tal y como es. No podemos prometer amor eterno, pero sí comprometernos a atender y valorar las emociones propias y del otro.

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