Los Prejuicios.

Los prejuicios son creencias predeterminadas sobre una persona, objeto o situación.

Estas creencias se viven como verdaderas y están muy integradas en nuestra sociedad, aunque, en la mayoría de los casos, no son ciertas.

Suponer cómo es una persona en base a diferentes características, como lo son su sexo, raza, nacionalidad u orientación sexual, es algo que ocurre de forma inconsciente y, por regla general, implica sentimientos y actitudes negativas.

Una de las figuras más destacables dentro de la psicología social que ha abordado sobre el fenómeno del prejuicio ha sido Gordon Allport.

Este psicólogo, define al prejuicio en The nature of Prejudice (1954) como la etiquetación negativa que se hace en base a creencias adquiridas a través de personas y situaciones importantes en el desarrollo del individuo, especialmente durante la infancia y a través de la familia.

La funcionalidad de los prejuicios radica en que permiten simplificar nuestro mundo. Estamos expuestos a una gran cantidad de información y se nos exige tomar decisiones de forma rápida, sin permitirnos reflexionar sobre ello.

Categorizar a las personas en base a sus rasgos más llamativos, en vez de profundizar sobre cómo son realmente, evita el cansancio y ahorra esfuerzo.

Comunmente los prejucicios se originan a partir de actitudes negativas hacia un grupo del que se tiene poco conocimiento real y también puede ser el resultado de una generalización en base a una experiencia negativa pasada.

Los factores culturales adquieren un gran peso en la generación de prejuicios. Es habitual que en la familia o en una cultura concreta se promuevan comentarios y creencias equivocadas sobre ciertas personas, las cuales pueden ser vistas como ‘correctas’ o que se podrían englobar dentro de la expresión del “piensa mal y acertarás”. Además, casi por inercia, se fomenta el criticar a los demás antes que tomar una visión empática y tratar de ponerse en el lugar del otro.

Aunque muchas personas digan lo contrario, los prejuicios interfieren de forma significativa en nuestro día a día. Implican multitud de actitudes, pensamientos, predisposiciones y sentimientos que pueden hacernos cambiar nuestro comportamiento de forma llamativa.

Reducir los prejuicios es posible. ¿Cómo hacerlo?

Aunque a lo largo de los años se han propuesto varias formas de reducir el prejuicio, una de las teorías más asentadas es la hipótesis del contacto. Esta teoría sostiene que la reducción del prejuicio se da cuando se incrementa el contacto entre miembros de varios grupos sociales. Nuevos desarrollos de esta teoría indican que la reducción del prejuicio también se da al saber que miembros del propio grupo han establecido relaciones estrechas con miembros de otros grupos.

Sin embargo, la hipótesis del contacto solo parece tener éxito cuando se dan unas condiciones específicas que favorecen el contacto entre los miembros de los diferentes grupos sociales.

Estas condiciones son cuatro:

  • Debe existir un apoyo tanto social como institucional a la hora de promover el contacto.
  • El contacto debe ser prolongado. Debe haber tiempo suficiente para que las relaciones entre los miembros de los grupos sean significativas.
  • Los participantes, las personas entre las que se da el contacto, deben tener un estatus similar. La condición de los grupos debe la misma.
  • Los grupos implicados deben tener objetivos en común, de manera que estos interesen compartidos generen relaciones de cooperación.