INTOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN.

Las personas que sufren intolerancia a la frustración, son personas que tienen una sensibilidad excesiva hacia todo aquello que les resulta desagradable: no toleran que no se cumplan sus expectativas, la incomodidad, los contratiempos, las trabas o problemas.

Al no tener tolerancia a la frustración, no soportan la demora en la satisfacción de sus deseos, ni ningún sentimiento o circunstancia que pueda resultarles desagradable.

Son personas que suelen presentar elevados estados de estrés, enfado, ansiedad, tristeza, resentimiento.

Normalmente, tienden a victimizarse y a culpar a otros de lo que les pasa.

Así pues, la tolerancia a la frustración hace referencia a cómo nos enfrentamos y manejamos la frustración.

Pero cuando la no consecución de nuestras metas no nos deja ver más allá, nos obsesiona, nos enfada y hace que desistamos de nuestro objetivo, es cuando tenemos problemas.

La baja tolerancia a la frustración puede, incluso, llevarnos a evitar emprender tareas o proyectos, simplemente por la posibilidad de no conseguir llevarlas a cabo como a nosotros idealmente nos gustaría.

Sin embargo, la frustración es un sentimiento cotidiano y no tenemos que autocastigarnos por sentirlo, simplemente es un indicador de que las cosas no han salido como queremos y tal hecho es normal que en ocasiones se produzca.

Rasgos de las personas con poca tolerancia a la frustración

Las personas con intolerancia a la frustración tienen ciertas creencias irracionales. Son pensamientos que surgen de forma automática, que nos hacen sentir mal y suelen ser drásticos y dramáticos (“no puedo soportar esto”, ”esto es intolerable”, “debería…”, “siempre”, “nunca”). Pueden llegar a creer que si no consiguen lo que se proponen o las cosas no van como se supone que deben ir, las consecuencias serán horribles.

Según Albert Ellis, las personas tenemos ideas irracionales acerca de nosotros mismos, los demás y el mundo:

  • “Debo hacer las cosas bien y merecer la aprobación de los demás por mis actuaciones”

  • “Los demás deben actuar de forma agradable, considerada y justa”

  • “La vida debe ofrecerme unas condiciones buenas y fáciles para que pueda conseguir lo que quiero sin mucho esfuerzo y comodidad”

En la vida no podemos evitar las dificultades y las frustraciones, por mucho que lo intentemos. Es parte de la vida.

Por todo ello, debemos aprender a manejar estas emociones, para transformarlas en algo constructivo.

Estrategias para aumentar la tolerancia a la frustración

  1. Cambia tu actitud hacia la frustración.

  • Cambia tu actitud y creencias acerca de la no consecución de tus metas. La gran mayoría de las veces, las cosas no son tan catastróficas como podemos pensar.

  • Hay que tratar de aprender de las frustraciones, ya que estas nos enseñan que eso que hemos hecho no funciona.

  • Hay que buscar otras estrategias, otros caminos.

  • Reflexiona si realmente sería tan horrible que las cosas no salieran como lo planeado, o no consiguieras lo que te has propuesto. Pregúntate qué es lo más horrible que podría suceder. O si realmente, esa situación es tan intolerable. También, prueba a calificar del 1 al 10 la gravedad de la situación, siendo 10 lo peor que puedas imaginarte.

    Todo ello te puede ayudar a reducir el sentimiento de gravedad acerca de lo que te ha ocurrido.

La frustración es una emoción normal, que nos indica que no vamos por donde nos gustaría. La frustración es incómoda, pero es tolerable.

No huyas del sentimiento de frustración, pero tampoco te recrees en él.

2. Identifica tus creencias irracionales

Las creencias irracionales son pensamientos que aparecen sin que nosotros queramos, que nos hacen sentir mal, tristes y enfadados. Además, no tienen base racional. Como hemos dicho, estas creencias irracionales suelen encontrarse en la base de la intolerancia a la frustración.

Cada vez que te encuentres molesto o frustrado, atiende a tus pensamientos.

¿Qué clase de pensamientos y afirmaciones surgen? Identifica tus debería, siempre, nunca, no puedo, no soporto, es intolerable…

Anota también cómo te hacen sentir esos pensamientos y cuestiona su utilidad. Por último, busca alternativas más plausibles y que te hagan sentir mejor. En lugar de “es intolerable que me hagan esperar tanto en la cola, deberían tener más personal trabajando” puedes pensar “esperar no es lo más deseable, pero no puedo hacer otra cosa. Puedo aprovechar a leer o llamar a un amigo mientras espero”.

3. Practica la frustración

Las personas con intolerancia a la frustración suelen evitar las situaciones en las que creen que van a frustrarse. Cuanto más se evitan las situaciones que teme, más nos cuesta luego enfrentarnos a ellas, además de que le damos más importancia de la que tienen.

La mejor estrategia para dejar de temerle a la frustración es enfrentarse con esas situaciones frustrantes.

Exponte a ellas. Haz una lista de situaciones que suelen frustrarte. Comprométete a exponerte a al menos una de ellas a la semana. Comienza con las más fáciles y ve aumentando su dificultad. En esas situaciones prueba a realizar algunas de las estrategias que aquí te proponemos.

4. Toma medidas

Una vez que hemos identificado aquellas cosas que suelen frustrarnos, el siguiente paso es tomar medidas para adaptar esas situaciones y que nos resulten menos frustrantes en la medida de lo posible.

Si te resulta frustrante cualquier situación como por ejemplo, esperar a la gente impuntual, o esperar en colas… piensa en algo que puedas hacer durante ese tiempo para que no sea una pérdida de tiempo. Prueba a leer, escuchar la radio…

Piensa en cómo puedes modificar esa situación para reducir su frustrabilidad.

5. El retroceso no es fracaso

Hay veces, en las que, en el camino para llegar a nuestro objetivo, se producen retrocesos, recaídas. Las personas con intolerancia a la frustración creen que en un proceso todo tiene que salir bien y cada vez mejor. Por ello es importante que se den cuenta de que esto forma parte de un proceso cuotidiana. La vida se compone de altibajos. Los momentos bajos nos hacen apreciar mejor los momentos de éxito y felicidad. Pero, en absoluto, un momento de retroceso significa que hayas fracasado.

Permítete fallar, retroceder. A veces es necesario retroceder para coger carrerilla. En los momentos de retroceso, mantén la calma y huye de los pensamientos negativos (“soy un inútil”, “nunca lo voy a conseguir”).

6. Diferencia los deseos de las necesidades

Todos tenemos preferencias y deseos. Nos gustaría que todos nos trataran como queremos, que las cosas salgan de una determinada manera. Pero no dejan de ser deseos. No son necesidades primarias. Las necesidades son algo sin lo que no podemos vivir, como alimentos, sueño, relaciones sociales…

Haz una lista con tus deseos y otra con tus necesidades. Luego analiza bien cada elemento de las listas: ¿Es esto realmente una necesidad? ¿Qué ocurriría si no obtuviera esto? ¿Sería tan grave?

7. Analiza la situación

Muchas veces nos frustramos porque no sabemos cómo ha podido salir mal o no sabemos qué hacer.

Cuandono hayas obtenido los resultados esperados en alguna situación analiza lo que has hecho. Identifica lo que has hecho bien y lo que has podido hacer mal. Piensa en posibles alternativas al comportamiento menos adecuado e intenta incluir las cosas positivas de la conducta inadaptada. Poco a poco llegarás a la mejor alternativa de acción.

Para más información: 

Margalida Serra

Psicóloga sanitaria

Col: B 01735

Directora PsicoMallorca

Telf: 697 632 720

Psicólogos en Mallorca

Psicólogos en Palma de Mallorca